TRADICIONES Y FOLCLORE EN SAN LORENZO

Bandurria

Tenemos la inmensa fortuna de vivir en un pueblo con fama de culto. A la sombra del Monasterio y de los que fueron sus ilustres ocupantes hace ya cientos de años, San Lorenzo de El Escorial tuvo el privilegio de contar entre sus vecinos y visitantes habituales con lo mejor de las artes, las humanidades y las letras. Políticos de renombre, pintores, escritores, músicos, intelectuales… todos de primer orden dejaron la impronta de la cultura en nuestro pueblo.

Pero todo ello, sin dejar de ser importante, no debe ocultar el sentir del pueblo, del pueblo llano, no por menos conocido a nivel nacional o internacional, menos importante que los anteriores.

Es, al contrario, este pueblo llano al que nos enorgullece pertenecer, el depositario de un saber popular que nunca debe perderse y que es el que late al ritmo del corazón gurriato en su quehacer diario.

Tradiciones viejas y nuevas que deben convivir sin que las unas entierren jamás a las otras.

Un pueblo como el nuestro en el que sus vecinos, una vez acabadas las largas jornadas laborales, sepan disfrutar de todas y cada una de las celebraciones y actividades aprendidas de nuestros mayores. Y debemos evitar por todos los medios que puedan perderse o desvirtuarse, como ya ha ocurrido en algunos casos.

Así se mantienen, a veces con menos apoyo oficial del que debería ser y gracias al trabajo de particulares junto a asociaciones y peñas, celebraciones tradicionales de la importancia de La Romería de Nuestra Señora de Gracia, de la Semana Santa gurriata, de las fiestas populares en Navidad y Reyes, San Antón, San Sebastián, Carnavales, las patronales de San Lorenzo, fiestas de barrio con gran sabor como las fiestas en honor de la Virgen del Carmen…

Pero no se trata de repasar el ya conocido calendario de fiestas de nuestro pueblo. Se trata de reconocer que ellas son el vehículo que mantiene viva nuestra Cultura Tradicional pues la participación de todos los vecinos en ellas, sin cortapisas y sin intrusiones políticas, demuestra el sentir de un pueblo. Y es éste y no otro el rico muestrario de nuestro acervo cultural.

Defendamos como propias, que lo son, cada una de estas manifestaciones. Enriquezcámoslas con nuestra aportación y sobre todo enseñemos a nuestros hijos a sentirlas suyas y a defenderlas de las “injerencias” que los medios de comunicación involuntariamente producen.

Continuemos con la recuperación de tradiciones y folclore que en los últimos 30 años han tenido manifestaciones populares como las Rondas de Boda, las agrupaciones de música y danza tradicional o la recuperación de instrumentos que a punto estuvieron de perderse en el pueblo como la dulzaina, que ha sido la “niña bonita” de los instrumentos tradicionales y afortunadamente rescatada del olvido, aquí sí con apoyo municipal manifiesto. Pero ¿y el resto de los instrumentos tradicionales? ¿Porqué no tenemos escuelas de percusión tradicional? ¿o escuelas de instrumentos de pulso y púa? La música en nuestro entono difícilmente podría entenderse sin la dulzaina, pero tampoco puede mantenerse si desaparecen instrumentos tan serranos como laúdes y bandurrias acompañados de guitarras y de los que, hoy por hoy, no hay dónde aprender a ser tocados por nuestros vecinos si no es por la impagable aportación de los grupos locales particulares que, sin apoyo oficial ninguno, realizan una labor encomiable pero insuficiente a la luz de los resultados.

Y no solamente hablamos de música. También de juegos infantiles, de vestimentas e indumentaria, de gastronomía…

Defendamos entre todos nuestro saber popular.

Su desaparición sería el principio de un suicidio de identidad gurriata que de ninguna manera debemos permitir.

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