vuelta al colegio

Las aulas abren sus puertas ante el comienzo del curso escolar 2013-14 y la política educativa vigente es un brindis al sol, pues antepone determinados intereses doctrinales y económicos a los legítimos intereses académicos de los alumnos. La no renovación de miles de contratos de docentes interinos no ha sido sino una muestra más del espurio interés que el Partido Popular tiene por la Educación y por todas las áreas relacionadas con el mundo de la cultura. Así, por ejemplo, a nivel municipal, el día 1 de Agosto de 2013, con los votos favorables del Grupo Popular, votando en contra los Grupos de PSOE, IU y AME, la Junta de Gobierno Local de San Lorenzo de El Escorial aprobó una nueva subida de precios públicos de cursos y talleres de la Casa de Cultura y de la Escuela de Música y Danza «Maestro Alonso». A partir del presente mes de Septiembre y hasta Junio, las mensualidades se verán incrementadas en un 1,4%, lo que unido a la crisis económica que está afectando más duramente a las rentas más bajas, impedirá el acceso de un buen número de miembros de nuestra comunidad a dichos cursos y talleres. Supeditar el acceso a la educación y la cultura a los intereses económicos es un error por el que el futuro sin duda pasará factura.

Durante las últimas décadas la Educación y la cultura han sido una herramienta política al servicio de los intereses del sistema democrático-liberal capitalista, únicamente preocupado por glorificar determinados conceptos, como bienestar, calidad de vida, seguridad material, solidez institucional, consumo, buscando con ello la indoctrinación del pueblo, orientándolo hacia el culto al hedonismo y fomentando sus instintos materialistas. A través del proceso de indoctrinación se persigue, y se consigue, el embrutecimiento teórico del hombre. Un individuo sin ideas políticas, sin conciencia política, en suma despolitizado, es puro productor y consumidor. Es un pleno no-ser. Un individuo ignorante e inculto que acepta, mecánica e irreflexivamente, dichos conceptos como seña de identidad sin revelarse está abocado al nihilismo.

Y para conseguir una civilización presidida por el miedo, el sistema democrático liberal-capitalista utiliza la enseñanza, haciéndola desempeñar un papel primordial, procurando que el adolescente sea educado en el miedo al fracaso en un mundo donde sólo priman las relaciones laborales y los negocios. Incrustada en lo más profundo de su ser, tal actitud será siempre su compañera de viaje, y el sentimiento de miedo se verá reflejado en las futuras relaciones con sus superiores o directores. Miedo tendrá a perder su puesto de trabajo y miedo a la amenaza de ser arrojado al paro. El miedo de la adolescencia se traducirá en el futuro en el miedo a exigir el derecho a trabajar; y miedo se tendrá a traspasar la barrera de los cuarenta y cinco años, edad que marca la humillación del trabajador para, rodilla en tierra, suplicar un puesto de trabajo.

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