uno de nosotros

A nadie se le escapa que si el Partido Popular tuviera intención de cumplir su promesa electoral de reformar la actual ley del aborto, promovida y aprobada bajo el auspicio del anterior gobierno socialista en 2010, se habría puesto manos a la obra en su primer día de mandato. Nada ni nadie le impide al Partido Popular afrontar la actual crisis económica y, además, actuar con diligencia para poner freno a los 324 abortos que cada día se practican en España al amparo de la ley. Pero ya lo decía Enrique Tierno Galván, quien además de inventarse pasajes enteros de su propia biografía, acuñó una curiosa máxima sobre las promesas electorales: «Las promesas electorales son para incumplirlas».

A pesar de contar con una aplastante mayoría absoluta, el Partido Popular ha optado por asumir el papel de títere o marioneta en manos extrañas e ideologías desérticas. Fiel servidor de la canciller Angela Merkel por un lado, por el otro se complace en aceptar la superioridad moral que ridículamente se atribuye la izquierda española frente a los defensores de la familia tradicional y del derecho a la vida desde el momento de su concepción hasta el final natural de su ciclo de vida. En materia económica, el Partido Popular se ha limitado a elevar los impuestos y a recortar las partidas destinadas a Educación, Sanidad y Asuntos Sociales. Y en lo relativo al aborto, el Partido Popular ha dejado pasar un año y medio sin derogar o modificar una sola coma de una ley que comete la doble aberración, moral e intelectual, de consagrar el aborto como un derecho de la mujer; esa misma ley que según decían los dirigentes del Partido Popular en campaña electoral iban a derogar nada más tomar posesión de las atribuciones de gobierno.

Categorías: General