Cuentan que tal día como hoy, un 14 de abril, una España que se había acostado monárquica se despertó republicana. Alfonso XIII, incapaz de salvar un régimen político asentado en el amiguismo de la clase política y en la corrupción (nos referimos, obviamente, al sistema de la Restauración Borbónica instaurado por su padre Alfonso XII y por Cánovas del Castillo, interrumpido por el gobierno militar del general Miguel Primo de Rivera), huyó al exilio y dejó a España en manos de una nueva élite de carácter progresista, intelectual y deseosa de romper con el pasado.

Los nuevos gobernantes, protagonistas de una alianza entre liberales y socialistas, tuvieron desde el principio la firme idea de cambiar el país de arriba abajo; pero, como suele ser habitual en este tipo de alianzas ideológicas, sus mayores éxitos se produjeron en el aspecto sociológico (como es el caso de la marginación y ataque a la Iglesia Católica) y no en el terreno económico (la reforma agraria impulsada por las izquierdas siempre fue un fracaso estrepitoso). El resto de la historia ya lo conocemos: gobierno radical-cedista (1933-1935), triunfo del Frente Popular (1936), avance del socialismo totalitario y Guerra Civil Española.

La Ley de Memoria Histórica confirmó la nueva versión oficial sobre el periodo de la Segunda República Española. En una línea propia del más rancio estalinismo soviético, la Segunda República ha sido presentada a los españoles como un maravilloso régimen de igualdad, prosperidad, progreso y felicidad. Pero para desgracia de los políticos que impulsaron dicha ley, el pasado no puede cambiarse por mucho que se pretenda hacerlo utilizando la voluntad de los votantes.

Lejos de ser cierto lo que por irrefutable tienen algunos, la vida política española no ha cambiado tanto como se pudiera creer desde la Restauración Borbónica hasta nuestros días, pues si a finales del siglo XIX y principios del siglo XX eran el Partido Liberal y el Partido Conservador quienes amañaban el poder, repartiéndose los cargos con el beneplácito del monarca de turno y el apoyo de los oligarcas de todo el país, en el siglo XXI son el PP y el PSOE quienes se reparten el pastel con la complicidad de la corona y con el apoyo de los medios de comunicación afines a sus intereses.

La única salida a la situación actual se encuentra en un Estado en el que el mérito personal y la capacidad de cada persona sea el único título de nobleza permitido. La actual crisis económica, por lo tanto, sólo tendrá salida con un cambio radical de régimen político y sistema económico.

Categorías: General